El poder de la acción y la práctica

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En estos días he pensado en mis alumnos, en sus vidas, en las cosas que les han acaecido, porque me cuestiona lo hermoso pero también lo difícil de la labor de educar en el sentido en que, aunque con en el mayor amor del mundo organizo mi portafolios educativo con elementos ricos para la formación humana, es paulatina la receptividad de ellos para con lo que se les enseña. Mis concejos, mis ejemplos y anécdotas que saben a guía y formación, son un alimento que en gran número de jóvenes y niños es lento de digerir. Claro, su humanidad, hoy más que nunca, se está engordando de un mundo de acciones y praxis que atentan contra el valor de ser bien educado.
Recuerdo tiempos de antaño donde en mis años de niñez y adolescencia, los de mi generación teníamos tanto respeto por los adultos, los cuales destilaban para nosotros referentes de autoridad, por eso la obediencia estuvo patentemente presente en nuestras vidas, y nos ayudó a dirigirnos hacia caminos donde la bondad fue siempre luz en nuestras decisiones y aspiraciones. Aunque el refrán afirma que “todo tiempo pasado fue mejor” y nos puede dar a entender que dicha frase alude a una sensación sicológica, de verdad siento que con relación a la meta de ser bien educado, mi generación fue mejor que la siguiente. El mundo de acción y praxis de mala educación que envuelve a los de mi posterior generación (modas, costumbres, formas de ser, etc.), se nota en sus ejemplos de un mal concepto de la libertad, de un sentido de la responsabilidad a medias, poca humildad, etc. Hasta las mismas leyes de educación concernientes a la básica primaria, secundaria y media, conducen a los alumnos a “formarse” consumiendo el suplemento vitamínico palidecido de la mediocridad, cuando le ponemos tan fácil la aprobación de los años escolares con preceptos como, por ejemplo, que poco sea el porcentaje de alumnos que pueden reprobar el año escolar y para eso la recuperación de las asignaturas reprobadas se dé mediante un proceso continuo durante el año, lo que ya tiene conscientes a los alumnos de hasta poder no hacer nada en determinada asignatura durante considerable tiempo del año lectivo, para postergar su responsabilidad en un ejercicio de recuperación; por mucho que se invente para mejorar la educación en Colombia, con ese tipo de facilismo educativo para esta etapa de la vida de las personas, no vamos a llegar a tal visión; para los docentes su compromiso es asfixiantemente exigente, para los alumnos es fácil y sinónimo de alcahuetería. Sumado a lo anterior, y más se nota en la clases baja, los alumnos son afectados por las costumbres y acontecimientos del hogar donde provienen; la disfuncionalidad que pueda darse en sus familias les marca fuertemente la vida, más que la explicación o vivencia de una clase. Los de mi siguiente generación han crecido en un mundo de acción y praxis de fácil acceso a informaciones dañinas mediante el internet y otros medios de comunicación, de realidades que nos dan a entender que ser delincuente en Colombia vale la pena porque se gana bien y laxas son las leyes para ajusticiarles, ¿Será esta la razón de la proliferación delincuencial que viene azotando a nuestra ciudad?, vivimos en la zozobra porque muy expuesto estamos a que se nos acerque el salteador a colocarnos un arma de fuego en la cabeza, nos quite nuestras pertenencias y si es capturado por las autoridades al poco tiempo está libre y haciendo nuevamente lo que sabe, hasta segar una vida. Esta temporada del año de fuerte meditación de la vida de Jesús, es una especial oportunidad para acercarnos a quien predicó y vivió el reino de Dios, para imitar su tesoro bajado del cielo; en Jesús está el cambio hacia un mundo de acciones y prácticas con inmensurable poder y lógica para vivir en armonía; danos fuerza y sabiduría, Jesús, en nuestra labor de educadores.
joselaraprof@gmail.com

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